Los cohetes.

Hasta el momento, el único procedimiento que tenemos para impulsar un objeto es el cohete.

En cuanto estudiemos la tecnología y los principios de Newton, sabremos que los objetos que se mueven por el espacio siguen unas estrictas leyes físicas. Para modificar su velocidad o su trayectoria, debemos aplicarles una fuerza. En el caso de los cohetes, la fuerza se obtiene al expulsar gases o partículas a alta velocidad.

Usamos cohetes para que las naves espaciales escapen de la atracción terrestre, y usamos pequeños cohetes para modificar su trayectoria, para orientarlas al sol o a las estrellas, y para frenarlas antes de que se precipiten en su destino.

En la parte tecnológica, entenderemos que la acción que vemos en las películas de ciencia ficción es imaginaria, pues las naves espaciales se mueven en el espacio siguiendo trayectorias inmutables predeterminadas mediante extensos cálculos matemáticos.

No tienen ni aletas ni alerones, ya que en el espacio reina el vacío casi perfecto. Allí no pueden suceder vertiginosas batallas espaciales.

Como no hay aire, las bombas atómicas tampoco explotan en el espacio. Al provocarse la reacción nuclear se consumen en una llamarada de energía, sin que exista aire que al calentarse pueda desencadenar una onda expansiva.

Conoceremos los principales modelos de cohetes y sus características.

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