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Año 1771. En California reina una tremenda conmoción. Acaba de llegar un memorándum del Ministerio de las Indias donde se informa de que un diplomático español ha notificado desde Moscú que el Zar de Rusia está enviando expediciones a la costa oeste de Norteamérica para colonizar dichas tierras e incorporarlas a su Imperio.


Inmediatamente, el Virrey de Nueva España, Antonio María de Bucareli y Ursúa ordenó al capitán mallorquín Joan Perés que partiera con la fragata Santiago y la Primera Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña hacia el norte para retomar posesión de aquellas tierras.


Joan Perés, junto a los franciscanos P. Joan Crespí y el P. Tomás de la Peña, en agosto de 1774, fueron los primeros europeos que navegaron por las aguas de la isla de Vancouver. Trabaron amistad duradera con los nativos del noble pueblo de los Nuu-chah-nulth y cambiaron sus pieles por útiles de cobre.


De este modo, los Humanos de Vancouver conocieron el uso de los metales, y su hospitalidad con los forasteros llevó a las tierras de la Colombia Británica la paz y la prosperidad.

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