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El día 7 de agosto de 1819 dos hombres y un niño de 11 años cruzaron sus vidas cerca del puente de Boyacá.

Era un niño humilde que amaba a los caballos y a la Naturaleza. El Destino lo llevó allí.

Le habían confiado una misión, y uno de estos hombres quiso sobornarlo con oro para que la incumpliera.

Se equivocó al pretender comprarlo. Desconocía que a un niño honrado no le interesa el oro... que un niño feliz que ama los caballos jamás se venderá.

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